La naturaleza, a lo largo de los siglos, ha despertado inspiraciones, pero también temores e incertidumbre hacia lo desconocido. Un ejemplo de esto son las lechuzas, aves nocturnas que han sido asociadas con supersticiones y leyendas que las relacionan con brujas. Sin embargo, desempeñan un papel fundamental en los ecosistemas.
Con el objetivo de desmitificar estas creencias, la profesora investigadora Iriana Leticia Zuria Jordan, del Área Académica de Biología del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería (ICBI) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), junto a Ariday Aguilar, alumna de la Licenciatura en Biología, realizan un estudio que busca demostrar el valor fundamental que tienen estas aves dentro del medio ambiente y así promover su conservación.
En muchas culturas, las lechuzas han sido percibidas como conductoras de mala suerte, incluso como mensajeras de la muerte o enlaces al inframundo. Esta situación ha sido negativa para su conservación, ya que suelen ser perseguidas debido al aura de misticismo que las envuelve.
La investigadora Iriana Zuria señaló que esta percepción se debe, en parte, a características como su vuelo silencioso y su canto áspero, propios de estas aves, que les permiten cazar con eficacia durante la noche.
Refirió que, más allá de las falsas creencias, estas aves nocturnas tienen una función primordial en el ecosistema: cazan roedores y pequeños mamíferos, reduciendo la dependencia de plaguicidas químicos en zonas rurales y favoreciendo una agricultura más sostenible, considerándose aliadas de los agricultores.
Ariday Aguilar, quien desarrolla su tesis sobre el conocimiento popular de las lechuzas, específicamente de la especie campanario, la cual tiene el nombre científico Tyto alba, explicó que estas creencias las han llevado a su caza y maltrato.
Entender cómo la población percibe a las lechuzas es esencial para disminuir y revertir el daño. De acuerdo con la estudiante Garza, muchas personas no son conscientes del importante papel que las lechuzas desempeñan en los ecosistemas, lo que subraya la necesidad de educar a la sociedad sobre su relevancia ecológica.
Actualmente, en el estado de Hidalgo, se han identificado 18 especies de búhos, lechuzas y tecolotes, todas pertenecientes al orden Strigiformes, cuyas poblaciones se han visto afectadas por la falta de información y la persistencia de mitos. Esto ha obstaculizado su preservación y protección efectiva, a pesar de que muchas de estas se encuentran protegidas por la Norma Oficial Mexicana (NOM-059-SEMARNAT-2010) debido a la pérdida de su hábitat y las amenazas derivadas de creencias populares, mencionó la investigadora Iriana.
Educación ambiental
Uno de los aspectos más relevantes de la investigación de Zuria y Aguilar es la promoción de una correcta educación ambiental como herramienta clave para cambiar las percepciones que se tienen de las lechuzas. La alumna Garza enfatizó que informar a la población sobre el valor de estas aves puede ayudar a reducir las mitificaciones que hay a su alrededor y, de esta manera, fomentar su conservación.
Para que esto sea posible, ambas declararon que es elemental involucrar a las comunidades locales en este proceso. Por medio de diversas actividades como talleres educativos, charlas y campañas de sensibilización, se puede transformar la visión que se tiene de las lechuzas y fomentar una relación de respeto hacia estas especies.
Por otro lado, las integrantes de la comunidad Garza informaron las acciones que deben tomarse si se encuentra una lechuza herida o en peligro. Ante esto se recomienda contactar a unidades de rehabilitación especializadas de la entidad de procedencia o a instituciones como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y cuerpos de bomberos. Estos organismos se encuentran capacitados para manejar situaciones que involucren la fauna silvestre y garantizan su bienestar.
De igual manera, la Ley General de Vida Silvestre establece sanciones para quienes causen daño a estas aves. Estas regulaciones buscan desaparecer las prácticas que ponen en riesgo a las especies y fomentar un entorno más seguro para ellas.
Si hay lechuzas, el ecosistema es equilibrado
El trabajo de Iriana Zuria y Ariday Aguilar expone la importancia de valorar a las lechuzas no solo como un componente clave para el medio ambiente y su preservación, sino también como una parte de la riqueza cultural y natural de México. Como lo manifestaron las investigadoras, la presencia de una lechuza en vuelo nocturno es una señal de que los ecosistemas conservan algo de su equilibrio original.
En la actualidad, debido a numerosos problemas ambientales, la pérdida de biodiversidad es una amenaza latente. Iniciativas como las de la profesora Iriana y la alumna Ariday resultan ser muy importantes para lograr un cambio de conciencias.
La desmitificación de las creencias en torno a las lechuzas es solo el primer paso de un largo camino, seguido por el cambio de actitudes y comportamientos hacia estas especies. A través de estos cambios, no solo se garantiza su supervivencia, sino también el bienestar de los ecosistemas y de las generaciones futuras. La educación, la legislación y la acción comunitaria son las herramientas clave para alcanzar este objetivo.
Finalmente, ambas investigadoras hicieron un llamado al público en general para apreciar la belleza y el papel tan importante que estas aves juegan en la biodiversidad. Al modificar la forma en que las percibimos, no solo las protegemos a ellas, sino también la preservación de los ecosistemas de los que todos dependemos.