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‘Ajedrez Clásico’

Errores trágicos

SE SIENTE LA TENSIÓN. Campeonato del Mundo entre Wilhelm Steinitz y Mikhail Chigorin en 1892. (Alegoría creada por la IA)

Uno de los episodios más famosos —y también más trágicos— de la historia del ajedrez ocurrió en el match por el Campeonato del Mundo entre Wilhelm Steinitz y Mikhail Chigorin en 1892. El encuentro se disputó en La Habana y fue una batalla intensa entre dos estilos muy distintos: el juego posicional y científico de Steinitz contra el talento combinativo y la imaginación táctica de Chigorin.

La partida decisiva, la vigesimotercera del match, quedó grabada para siempre en la memoria de los aficionados. El marcador estaba muy ajustado y Chigorin, jugando con blancas, tenía todavía serias opciones de luchar por el título. Durante gran parte del encuentro, la posición parecía equilibrada. Sin embargo, en el momento crítico se produjo uno de los errores más sorprendentes jamás vistos en un campeonato mundial.

En una posición aparentemente normal, Chigorin debía decidir cómo continuar su desarrollo. Después de pensar durante unos veinte minutos, eligió una jugada que permitió un mate dos

El silencio en la sala fue total. Los espectadores apenas podían creer lo que acababan de presenciar. Chigorin, uno de los jugadores tácticamente más brillantes de su tiempo, había pasado largo rato calculando… solo para permitir un mate directo.

La derrota decidió el match a favor de Steinitz, quien retuvo así el campeonato mundial. Para Chigorin, en cambio, aquella jugada quedó como una de las tragedias más célebres del ajedrez.

Este episodio recuerda que incluso los más grandes maestros pueden cometer errores increíbles bajo la presión del tablero. Y quizá por eso mismo el ajedrez sigue siendo tan profundamente humano.

Chigorin – Steinitz, match 1892 (23)

Gambito de Rey

1.e4 e5 2.f4 exf4 3.Nf3 (Es muy posible que las blancas ya estén perdidas y que sólo 3.Ac4 pueda asegurar las tablas. Dentro de pocos años, los ordenadores podrán responder a esta cuestión con absoluta certeza)

3….Nf6 (Hay que jugar 3….g5. El resto de la apertura es muy irregular y lo pasaremos por alto)

4.e5 Nh5 5.Be2 g6 6.d4 Bg7 7.0–0 d6 8.Nc3 0–0 9.Ne1 dxe5 10.Bxh5? (El primer error claro y grave. Hay igualdad tras 10.dxe5)

gxh5 11.dxe5 Qxd1 12.Nxd1 Nc6 13.Bxf4 Bf5? (13….Cxe5!)

14.Ne3 Be4 15.Nf3 Rfe8 16.Ng5?! (16.Tad1!=)

Bg6 17.Nd5 Bxe5 18.Nxc7 Bxc7 19.Bxc7 Rac8 20.Bg3 Nd4 21.c3? (21.Af2 Ce2+ 22.Rh1 Txc2 23.Axa7 h4 tampoco es agradable pero proporciona mejores oportunidades de resistencia)

Ne2+ 22.Kf2 h4? [22...Nxg3!]

23.Bd6 Nd4?? (Inexplicable)

24.cxd4 Rc2+ 25.Kg1 Ree2 26.Rae1 Rxg2+ 27.Kh1 Kg7 28.Re8 (Es mejor 28.Ne4 seguido de Ae5+ y el avance irresistible del peón dama)

f5 29.Ne6+?! Kf6 30.Re7 Rge2 31.d5 Rcd2

. .

32.Bb4?? (32.Rxb7! Ah5 33.Tb3 es decisivo)

Las condiciones de juego en el siglo XIX eran muy diferentes a las actuales: salas poco ventiladas, humo de cigarros, partidas muy largas. Ambos jugadores fumaban mucho. Chigorin calculó variantes, pero aparentemente se le olvidó el jaque en h2.

32...Rxh2+

0–1

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