
España debutó en el Mundial con el sello de favorita, pero lo que se vio en el césped de Atlanta fue un auténtico dolor de muelas. En un estadio techado y con aire acondicionado, a la Roja le faltó salero, ritmo y fluidez. Frente a un bloque bajo y correoso, los hombres de Luis de la Fuente firmaron la peor versión imaginable del equipo, incapaces de morder a una humilde pero respondona Cabo Verde.
El seleccionador no dio una; inventó con Gavi de extremo izquierdo y el experimento fue un petardo. La presión era tal que la corbata le apretó tanto en la primera parte que para la segunda ya se la había quitado. Ni Pedri carburó en la medular, fallando pases impropios de su clase, mientras los africanos hacían su agosto cerrando todos los pasillos interiores.
EL MURO DE LOS CINCUENTA MIL EUROS
La única luz en el atasco fue Marc Cucurella, flamante fichaje del Real Madrid. El lateral insistió una y otra vez por su banda, surtiendo de balones a un Ferran Torres que se topó con el poste. Pero el verdadero héroe de la tarde fue Vozinha. A sus 40 años, sin equipo y con un valor de mercado de apenas 50,000 euros, el veterano portero amargó a Lamine Yamal, el gigante de los 200 millones, que ni con el público de Atlanta volcado a su favor pudo romper el cerrojo.
La desesperación española creció en el tramo final con ocasiones desperdiciadas por Fabián, Oyarzabal y Merino. El drama pudo ser mayúsculo si Unai Simón no saca un remate de Disney Borges en el minuto 89 que casi manda a los ibéricos a llorar a la iglesia.
FIESTA EN EL ATLÁNTICO, SILENCIO EN LA ROMA
Al final, reparto de puntos que desata la locura en el archipiélago africano y resucita los peores fantasmas de una España que, desde Sudáfrica 2010, camina con el santo de espaldas en los Mundiales.
La marea festiva se quedó congelada a miles de kilómetros. Acá en la capital mexicana, las réplicas de la Fuente de Cibeles en la colonia Roma se quedaron mudas, sin el habitual júbilo de la comunidad española que ya saboreaba una victoria de rutina y terminó con un sabor de boca bastante amargo.