Cae la noche en la Huasteca, el pueblo cambia de piel. En el aire se respira ese ambiente otoñal que anuncia el Día de Muertos. Por las calles avanzan las comparsas: diablos de cuernos filosos bailan frente al público; junto a ellos, el viejito, calaveras de rostros pintados, máscaras, tocados de papel y flores. Calaveras monumentales, iluminadas en azul, morado y naranja, se mueven sobre carros alegóricos, y todos van de catrines y catrinas. El ambiente no es de duelo, sino de fiesta. Es Xantolo, y la muerte, por una noche, camina entre nosotros, muy feliz.
Estamos por entrar a dos de las fiestas más grandes de noviembre: el 1, Día de Todos los Santos, cuando la Iglesia conmemora a todos los santos, y el 2, Día de Muertos, tradición que la UNESCO reconoce como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2008. México la vive de mil maneras: en Janitzio, en Mixquic, en Xochimilco, en Oaxaca, en Pomuch. Pero hay una festividad que ha cobrado un enorme impulso y que me parece impresionante: la que se celebra en las Huastecas, en especial en la del estado de San Luis Potosí y lleva por nombre Xantolo.
¿Qué es el Xantolo?
Xantolo —que se pronuncia «chantolo»— proviene del náhuatl xantolon y esta, a su vez, del latín sanctorum, «de los santos»: la fiesta de todos los santos o de las ánimas. De origen prehispánico, las comunidades indígenas de la Huasteca —región que abarca Hidalgo, Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí y el norte de Puebla— la celebran del 30 de octubre al 2 de noviembre. Su creencia central es hermosa: en la noche del 1 y 2 de noviembre, las almas de los difuntos regresan para convivir con sus seres queridos. Es, además, una mezcla de cultura indígena y española nacida en la Colonia, y una fiesta profundamente comunitaria: recordar a quien partió no es solo tristeza, sino también agradecimiento, convivencia y alegría. (México Desconocido).
Las comparsas
El corazón de Xantolo son las comparsas: grupos que se reúnen y avanzan danzando, sumándose unos a otros por calles y caminos. Ahí aparecen el viejito, la muerte, el diablo, el toro, el comanche y la comancha, la embarazada, la vieja y los cuernos parados, con sus máscaras y vestimentas, al ritmo de la marimba huasteca. Y la Huasteca potosina pone el escenario: vegetación verde, cascadas, ríos y lagunas que lo vuelven todo más mágico.
La casa y el arco
Xantolo también se vive puertas adentro. Las casas se visten de carrizo, techos de palma y cempasúchil, y en la cocina se preparan los platillos que el difunto disfrutaba: el zacahuil, un tamal gigante de cerdo, pollo o res, envuelto en hojas de plátano y cocido bajo tierra —el de Tamazunchale es un deleite que todos deberían probar al menos una vez—, además de pan de piloncillo, atoles, café de olla y aguardiente de caña.
Y como cúspide, el altar, que en la Huasteca potosina se llama arco. Según México Desconocido, sus cuatro varas de madera representan las etapas de la vida, y un camino de cempasúchil guía a las almas desde el cementerio hasta el hogar. Sobre la mesa se colocan velas de cera auténtica de abeja, doradas como la miel y montadas en portavelas con forma de burritos; frutas, maíz, frijol, calabaza, máscaras y los retratos de los seres queridos. Cada elemento guarda un significado: el arco de flores simboliza la vida y el sol; nueve puños de copal representan la fertilidad de la tierra y cinco, el universo; y doce mazorcas entrelazadas, los doce meses del año. Para los niños, la ofrenda es otra: atole, chocolate, bocoles de maíz y dulce de calabaza (Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí).
Xantolo llega a la ciudad
Desde hace algunos años sucede algo que los puristas critican y los amantes de democratizar la cultura como un servidor, animan. Cuando Xantolo baja de la Huasteca a la capital potosina —y se replica ya en otras ciudades del centro del país— en forma de desfile. Al caer la noche, organismos de gobierno, escuelas y comunidades arman sus comparsas: las hay de calaveras, dedicadas al maíz, dedicadas a la muerte; y en las plazas de Armas y del Carmen, en el corazón de San Luis Potosí, se levantan altares monumentales y casas huastecas.
Entiendo las voces críticas: llevar una tradición comunitaria a la ciudad puede traer riesgos de espectáculo o de comercialización. Pero también veo algo valioso: acerca esta cultura a quienes nunca han viajado a la Huasteca y despierta curiosidad, orgullo y respeto. Las tradiciones, al final, también se construyen sobre la marcha.
Verla de frente
Lo que más me conmovió del Xantolo es, primero, que nos permite ver la muerte de otra manera. Es un tema muy elevado, complejo y filosófico, del que no se puede hablar con ligereza, porque viene envuelto de dolor, de emociones y de tristeza. Sin embargo, Xantolo nos ofrece un consuelo, una doble vista: saber que la muerte nos llegará a todos, que forma parte del ciclo de la vida, y mirarla de frente, a esa calaca garbancera sonriendo, y ver que ella también está de fiesta.
Pero también me conmovió el acercamiento a la cultura. Muchas veces la vemos en videos, libros y fotografías; tenerla de cerca hace que la vivamos al máximo y con todos los sentidos. Queridos lectores, los invito a que el próximo año se acerquen a esta fiesta que los llevará a un mundo extraordinario; y a quien tenga la fortuna de ir a la Huasteca, que la viva de cerca. Es una forma de honrar a nuestros fieles difuntos con flores, con comida, con recuerdos, con la vida misma. Y no olviden buscar, incluso en la despedida, ese rayo de luz que los acompañe a vivir estas y muchas experiencias extraordinarias.
Gracias.
*Mtro. Humberto Martínez – Bibliotecario Investigador de la Universidad Panamericana (UP)