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La candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la magistrada Ana María Ibarra Olguín, visitó Crónica para exponer el tipo de administración de justicia que ella representa de cara a la elección del 1 de julio

“No es que ahora quiera justicia con sentido social; toda mi carrera se basa en esa filosofía”

Magistrada Ana María Ibarra

La magistrada Ana María Ibarra, candidata a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, enfatiza que el 1 de junio, día de la elección al Poder Judicial, es crucial que los juzgadores escuchen las necesidades del pueblo y busquen soluciones empáticas a los problemas sociales cotidianos.

Ibarra visitó las instalaciones de Crónica al arranque de su campaña y comentó, en entrevista, que esta convicción en torno a un Poder Judicial más cercano a la ciudadanía le ha guiado durante toda su carrera, “es público, allí están mis sentencias”.

Además, expresó que la renovación del Poder Judicial es el punto de partida para evitar recaer en prácticas de nepotismo y corrupción, garantizando una justicia más equitativa y accesible; “es una oportunidad para decidir qué perfil y cuáles cualidades deben tener quienes gobiernan en el ámbito judicial”, agregó la magistrada.

—¿Qué podemos esperar de este proceso?

—Reivindicar la necesidad de que los jueces nos acerquemos a la gente y que todos nos bajemos de la torre de marfil y pisemos terreno para poder resolver con sensibilidad social, con empatía y con equidad. Esto fue lo que motivó, en gran parte, la reforma judicial y las elecciones. Se hizo esta reforma profunda para paliar los problemas que tenemos en el sistema de justicia, que son la corrupción, el nepotismo y que la justicia deje de servir para quienes más tienen.

Necesitamos que estas personas que sean electas tomen nota de estas necesidades, de los errores del pasado, que no los repitamos, que tengamos una visión sensible a las necesidades sociales, con ética, con profesionalismo.

—¿Hay, aún hoy, oposición activa a la elección en el Poder Judicial?

—Hay mucha resistencia a participar, también mucha desinformación, un boicoteo a que la gente salga a las urnas a elegir a sus jueces y juezas. Desde el hecho mismo de que el Poder Judicial no postuló candidatos, hay ahí una negativa a que las cosas avancen. Muchos de mis compañeros decidieron retirarse; es una decisión personal muy válida, y otros más decidieron aprender y escuchar.

Estábamos haciendo oídos sordos a lo que la sociedad pedía a gritos, en este poder tan cerrado, endogámico, en el que siempre llegaban los mismos, con la misma visión, con la misma postura. Entonces, los que decidimos quedarnos, decidimos apostarle a la justicia en México manteniendo el bote a flote.

—¿Qué dirá de usted misma en su campaña sobre estos asuntos?

—Yo lo que digo es ‘conózcanme’, porque en realidad mi trayectoria es pública, todo lo que yo soy y he hecho está ahí, sujeto al escrutinio, a la mirada de la gente. Tengo un sitio web donde están todas mis sentencias, mis publicaciones, artículos, libros, entrevistas. De eso se trata, de que la gente tenga la oportunidad de decidir qué jueces quiere, qué justicia se imagina. Y yo quiero una justicia con equidad y con sentido social, no es algo que digo de ahora, a propósito de la reforma judicial y de las elecciones, toda mi trayectoria, mis sentencias dan cuenta de quién soy, de mi filosofía de vida, de mi filosofía ética y de a lo que aspiro en torno a la justicia.

Yo creo que este proceso, una de las cosas buenas que va a traer la elección es que obliga a los juzgadores a salir y a explicar qué hace un juez. Esto puede volver a los ciudadanos más conscientes de sus derechos y, por tanto, más exigentes. Al final va a redundar en un mejor estado, en una sociedad más informada, más participativa. Es también una oportunidad para cerrar la brecha de desconfianza con la ciudadanía.

—¿Qué expectativa tiene respecto a que los ciudadanos empecemos a entender lo que dice un juzgador?

—Nuestra labor es también muy creativa, es de investigación, de buscar caminos argumentativos que convenzan; no somos robots que abrimos el código y encontramos, como por arte de magia, las soluciones a todos los problemas imaginables. Doy ejemplos, como secretaria proyectista proyecté el asunto del consumo lúdico de la marihuana, la elección del orden de apellidos de nuestros hijos, el primer caso también de reconocimiento del trabajo doméstico. Estas sentencias son públicas y están escritas en un lenguaje ciudadano, sencillo.

Si nosotros escuchamos primero, las personas sienten que realmente analizamos a profundidad sus conflictos; y si luego les damos un trato digno durante todo el proceso, un trato respetuoso y llegamos a una decisión bien justificada, clara, argumentada, las personas se van a ir más tranquilas a su casa.

—Hay un grupo muy interesante de abogados de su edad en esta contienda, ¿qué podríamos esperar de esa generación?

—Tenemos que exigirnos muchísimo. Es que es tiempo de renovación y de transformación. Y hay culturas jurídicas o culturas ideológicas que sí tienen que ver con lo generacional. Es mucho más difícil cambiar una tradición formalista que empezar a crear una nueva ideología más humana. Los jóvenes tienen mucho que aportar en estos procesos de renovación y cambio.

—¿Qué riesgos se esperan de acuerdo con la presencia de la gente que acepte el reto y vaya a votar o, de repente, este proceso puede tardar en madurar?

—El riesgo está en no salir a votar y en no exigir. No es sólo en lo individual, las barras de abogados, las universidades y la sociedad civil organizada pueden estar ahí acompañando este proceso de renovación y cambio.

Tenemos que salir a participar el 1 de junio .

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