
Corea es uno de los ejemplos más claros de la capacidad transformadora del crecimiento económico acelerado. En los últimos 50 años pasó de ser un país claramente más pobre que México a rebasarlo vertiginosamente y lograr un lugar indiscutible entre las economías más desarrolladas del mundo. Corea tiene mucho más PIB por persona y mucho menos desigualdad que México. Los coreanos muestran uno de los mejores desempeños en matemáticas entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y México tiene uno de los más bajos. También en Corea la participación laboral es mayor y la brecha salarial de género es menor.
Los coreanos viven con menor hacinamiento y tienen una esperanza de vida significativamente mayor que los mexicanos, aunque padecen de niveles muy similares de “muertes por desesperación”, que incluyen suicidios y muertes derivadas por el abuso de sustancias o alcoholismo. En cuanto a cultura cívica, vemos que en Corea hay una mayor participación electoral, mientras que en materia de seguridad los coreanos ocupan el lugar 15 de 38 de la OCDE, al tiempo que México está en el sitio 38 de 38.
En contraste, en México se registra mayor apoyo social para enfrentar situaciones adversas y las personas reportan el mayor bienestar subjetivo de toda la OCDE, con niveles de satisfacción con la vida mucho más altos y porcentaje de población que experimenta más emociones negativas que positivas mucho más baja en relación con Corea; que en este apartado ocupa el antepenúltimo lugar de la OCDE. Ver tabla.
El contraste entre Corea y México ilustra que el crecimiento económico y las condiciones materiales son insuficientes por sí solos para garantizar una vida satisfactoria. Pese a sus carencias en capital físico y humano, los mexicanos cuentan con una valiosa reserva de capital relacional, especialmente en el ámbito de su entorno inmediato, que les permite tener una satisfacción con la vida por encima de lo que cabría esperar en consideración de su PIB per cápita.
Pero no nos engañemos: la viabilidad de largo plazo de la sociedad mexicana pasa por aumentar su eficiencia económica, su esperanza de vida y su seguridad, así como reducir sus desigualdades, tanto en materia de distribución del ingreso como entre grupos sociales. El reto aquí es acercar a México a los indicadores materiales de Corea sin que en el camino pierda la ventaja de que disfruta en materia de felicidad que gravita fundamentalmente en la calidad y cantidad de sus vínculos sociales y especialmente de sus relaciones al interior del núcleo familiar. Las personas mexicanas cuentan con redes de apoyo informales que brindan seguridad emocional y estabilidad diaria, incluso en contextos de precariedad. La facilidad para entablar amistades y la hospitalidad crean un entorno social que amortigua el estrés, algo que en sociedades más reservadas toma mucho más tiempo construir.
Conviene ahora reflexionar sobre las implicaciones para México de qué es lo que ha limitado a Corea para sacar el provecho en calidad de vida que cabría esperar dado su desarrollo económico:
* Hipercompetitividad y Presión Social: Desde temprana edad, los coreanos enfrentan una presión extrema por el éxito académico y profesional, que genera altos niveles de estrés y es una de las principales causas de suicidio entre jóvenes. Uno podría pensar que este es un coste inevitable de sus altísimos niveles de desempeño académico. Sin embargo, países como Finlandia, han logrado niveles similares sin tener que pagar una factura psicológica tan alta. México tiene mucho que aprender de las experiencias de los países escandinavos.
* Cultura Laboral Agotadora: Las largas jornadas de trabajo y las expectativas implacables en las empresas (especialmente en los grandes conglomerados o chaebols) contribuyen al agotamiento físico y mental (burnout). Cabe señalar que esta cultura de desgaste laboral extremo está presente también en zonas altamente industriales de México, particularmente las que conviven con grandes ensambladoras de origen extranjero, que someten a las y los trabajadores a jornadas extenuantes que comprometen su salud física y mental. En este sentido, reformas como la “Ley silla” y las que están en proceso para reducir la jornada laboral apuntan en el sentido correcto, pero deben acompañarse por aumentos en la capacidad productiva por hora, por ejemplo, mediante mejor educación y capacitación tecnológica (orientada a mayores capacidades de generación y absorción de innovaciones) y fortalecimiento de la salud general de la población, además de mejores prácticas gerenciales y mayor disponibilidad y calidad de infraestructura y calidad regulatoria así como de impartición de justicia, para que el resultado final no sea una caída de la eficiencia productiva, las remuneraciones reales o el empleo formal.
* Aislamiento Social y Soledad: La rápida urbanización y el cambio en las dinámicas familiares han debilitado las redes de apoyo tradicionales. Un informe reciente señala que el porcentaje de coreanos que sienten que “no tienen a nadie en quien confiar” se ha duplicado. Esto es algo que conviene tener a la vista en el proceso de modernización productiva de México, para evitar que lo que se gane por esa vía se pierda por el lado del capital relacional del que hoy se dispone.
* Inseguridad en la Vejez: A diferencia de otras naciones desarrolladas, el sistema de pensiones en Corea es relativamente débil, lo que ha llevado a que los adultos mayores tengan una de las tasas de pobreza más altas de la OCDE, generándoles una profunda insatisfacción. Esto señala también un área de oportunidad para México, dado que la mayor parte de su población ocupada no cuenta con seguridad social ni dispone de pensiones, ya no digamos dignas, sino cuando menos que sirvan para reducir la incertidumbre económica en la etapa final de la vida. Ciertamente los programas sociales como el de la “pensión para el bienestar de las personas adultas mayores” es un importante alivio en este sentido, aunque su falta de focalización le hace ineficiente al entregar dinero a las personas sólo en consideración de su edad sin tomar en cuenta su situación económica o su disponibilidad de recursos provenientes de la seguridad social. México tiene un importante espacio de mejora en este aspecto, que conecta también con la calidad de vida en la vejez y su relación con enfermedades crónico-degenerativas, dependientes a su vez de hábitos culturales y de prácticas de salud preventiva.
* Incertidumbre Económica y Desigualdad: A pesar de su alto PIB, existe una brecha significativa entre las grandes empresas y las PYMES. Los jóvenes coreanos enfrentan dificultades para acceder a trabajos seguros, viviendas asequibles y estabilidad financiera, lo que también explica una de las tasas de natalidad más bajas del mundo (0.75 hijos por mujer). Este es un aspecto que se presenta de manera aún más exacerbada en México, donde los pendientes en incertidumbre laboral, inclusión financiera y desigualdad económica son enormes. De entrada, México tiene a la mayor parte de su fuerza de trabajo atrapada en unidades económicas ineficientes, que no ofrecen prestaciones y con muy pocas posibilidades de mejora a largo plazo. En este sentido, buena parte de la desigualdad que se padece en el país deriva de una estructura productiva dual, en la que la mayor parte de la fuerza laboral vive aislada del sector más moderno y productivo de la economía.
* Salud Mental y Estigma: En Corea, el suicidio es la principal causa de muerte entre personas de 10 a 49 años, donde persiste un estigma social sobre los problemas de salud mental que dificulta la búsqueda de ayuda profesional oportuna. Como mencioné previamente, Corea y México están prácticamente a la par en materia de muertes por desesperación, al tiempo que en México se tienen niveles muy altos de muertes violentas derivadas del crimen organizado. Pensándolo bien, estas muertes también podrían sumarse a las clasificadas como “muertes por desesperación”, en el sentido de que reflejan la disposición a incurrir en actividades de alto riesgo ante una perspectiva de carencia de oportunidades para una vida mejor. La salud mental y el combate a la desesperanza son buenos en sí mismos, pero ofrecen externalidades positivas para la calidad de la convivencia, la paz social y la productividad que nos llevan a preguntarnos por qué no estamos invirtiendo más como sociedad en esta materia.
Corea es sin duda un ejemplo de cómo un país puede dar el brinco del subdesarrollo al desarrollo en apenas unas décadas. México tiene importantes pendientes acumulados en materia de crecimiento económico y tiene mucho que aprender del caso coreano. Sin embargo, conviene que nos cuidemos de lo que deseamos porque podemos lograrlo y darnos cuenta tarde de que no era lo mejor. Al momento de ir por un cambio de fondo para dotar a la economía mexicana de la inclusividad y la eficiencia que tanta falta le hacen, conviene que tengamos a la vista las fuentes de bienestar de las que sí disponemos hoy en día, para que lo que venga sume y nos haga tener vidas mejores y no simplemente diferentes.
Análisis de especialistas de la Universidad Iberoamericana son presentados a nuestros lectores cada 15 días en un espacio que coordina el Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, CDMX
Comentarios: pablo.cotler@ibero.mx
El autor es miembro del instituto de Investigaciones del Desarrollo con Equidad (Equide)