Opinión

Entre Washington y Huitzilopochtli

Omar García Harfuch El secretario de Seguridad Pública y Protección Ciudadana durante la conferencia mañanera

En un gabinete de mediocridad heredada, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene un colaborador cuyo trabajo –hasta ahora--, le ha servido, dentro y fuera del país: Omar García Harfuch quien por motivos de todos sabidos, es el único funcionario cuya vida ha sido puesta –literalmente—al servicio de la actual presidenta (con A) de la República, pues en su equipo estaba cuando el cártel (ahora terrorista) de Jalisco lo quiso asesinar.

Además del trabajo interno, cuyo primer obstáculo grave fue ver cómo la Guardia Nacional pasaba al dominio pleno del Ejército, con lo cual lo dejaban mutilado, García Harfuch ha logrado un buen sistema de entendimiento (no diría colaboración) con las agencias de los Estados Unidos, especialmente después del encontronazo de la primera IV-T con la DEA.

Hace unos días un despecho provenientes de EU, explicaba algo poco advertido:

“El director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), William Ratcliff, y el director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Kash Patel, defendieron en el Congreso la importancia de la cooperación con el actual gobierno mexicano y los resultados inmediatos en la lucha contra las drogas y las extradiciones (no fueron tal) de criminales.

“Durante la segunda jornada de audiencias sobre las amenazas mundiales a la seguridad nacional de Estados Unidos, los funcionarios destacaron en particular el trabajo con el secretario mexicano de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, quien realizó una reciente visita de trabajo a Washington. “Hemos estado trabajando en eso a favor de nuestros países”, dijo Ratcliff ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes:

“Estamos colaborando. Una de las primeras reuniones que tomé como director del FBI fue con mi contraparte, el secretario (García) Harfuch, en México. Y a continuación de eso, hemos extraditado o expulsado de México a los 10 más buscados del FBI y otros 33 criminales”, abundó por su parte Patel”.

El despacho abunda en explicaciones sobre los decomisos de drogas, especialmente de fentanilo, en un tono por demás melodramático:

“… se han decomisado 383 kilogramos de fentanilo ilegal, suficientes para matar a 29 millones de estadounidenses”. Obviamente esa información está incompleta: se ha decomisado más del triple de ese volumen. Pero sea como sea García Harfusch es en términos de los americanos, un enlace confiable. Y eso, allá, es indispensable para salir adelante.

Y en cuanto al frente interno, Don Omar avanza también dentro del grupo político, al margen de los morenismos de plaza colmada.

Su más reciente acto de visibilidad –en un sistema mediocre cuya primera recomendación es nunca alzar la cabeza--, ha sido el anuncio de un grupo de élite (eso quiere decir, alta eficacia; no elitismo clasista contra el rebaño llano y simple), al cual le ha imbuido hasta valores filosóficos y axiológicos realmente estrambóticos, como descendientes de los (derrotados) guerreros aztecas.

Valga aquí una pequeña digresión: Mario Aburto se llegó a considerar a sí mismo, un caballero águila como bien ha recordado Jorge Fernández hace unos días, en ocasión del aniversario del homicidio del candidato del PRI a la presidencia.

Pero además la simbología de aztecas con escudo y macana para invocar a los “guerreros” mexicas es simplemente ignorar la derrota. Con todo y sus plumas, picos de ave, escudos de colores y filosas obsidianas, aquellos guerreros fueron abatidos por las alianzas políticas de Hernán Cortés con los indígenas resentidos contra Tenochtitlán y su vasallaje.

Por lo pronto recordamos la hondura de esas pérdidas:

“Afánate, lucha, ¡oh Tlacaltéccatl Temilotzin!:

“ya salen de sus naves los hombres de Castilla y los

“[de las chinampas.

“¡Es cercado por la guerra el tenochca;

“es cercado por la guerra el tlatelolca!

“Ya viene a cerrar el paso el armero

“[Coyohuehuetzin;

“ya salió por el gran camino del Tepeyac el acolhua.

“¡Es cercado por la guerra el tenochca;

“es cercado por la guerra el tlatelolca!”

Mejor hubiera buscado Don Omar una inspiración victoriosa, pero ¿dónde?

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