
Durante años, la economía circular fue tratada como un concepto ambiental, asociada al discurso verde y al cumplimiento regulatorio. Hoy, en plena expansión de la inteligencia artificial, esa lectura resulta insuficiente. La circularidad empieza a operar como lo que realmente es: infraestructura estratégica para el crecimiento tecnológico, la resiliencia económica y la competitividad urbana.
La innovación suele asociarse a algoritmos, automatización y modelos digitales. Sin embargo, la inteligencia artificial depende de una base física cada vez más exigente: consumo intensivo de energía, agua, materiales críticos y una presión creciente sobre cadenas de suministro frágiles. El verdadero límite de la innovación ya no es tecnológico, sino material.
Este debate no es abstracto ni lejano. En la Ciudad de México, la estrategia Basura Cero refleja un cambio de enfoque desde la política pública: los residuos dejan de verse como un problema y comienzan a entenderse como un recurso que puede reintegrarse a la economía urbana. Separación obligatoria, modernización de plantas, logística y reaprovechamiento de materiales forman parte de un intento por construir una economía circular a escala metropolitana.
Lo relevante es que este esfuerzo público coincide con una transformación similar en el sector privado. Figuras como José Javier Garza Calderón Buffington, presidente y CEO de Legand, impulsan modelos de inversión que entienden la circularidad no como un costo ambiental, sino como un activo estratégico. La lógica es clara: sin recuperación, reutilización y reintegración de materiales, el crecimiento tecnológico enfrenta límites económicos y regulatorios cada vez más evidentes.
La economía circular se convierte así en un factor de estabilidad. Transformar residuos industriales, urbanos y de la construcción en insumos productivos reduce la dependencia externa, amortigua la volatilidad de precios y fortalece la resiliencia operativa. No es casualidad que, en este contexto, el capital privado comience a mirar con otros ojos a la circularidad.
A medida que estos modelos demuestran viabilidad económica y capacidad de escalar, los fondos buscan proyectos capaces de resistir ciclos, generar valor de largo plazo y operar sobre activos reales. En ese terreno, firmas de inversión como Silverblue han puesto a México en el radar, apostando por la transformación de empresas y el crecimiento basado en infraestructura productiva.
En este contexto, la Ciudad de México y empresas como Legand no operan en mundos separados. La ciudad crea el entorno regulatorio y urbano; el capital privado aporta financiamiento y visión de largo plazo; y la industria construye la infraestructura que permite cerrar el círculo. La convergencia entre política pública y capital privado empieza a delinear un sistema circular funcional, no una narrativa aspiracional.
En la era de la inteligencia artificial, la competitividad ya no depende solo de innovar más rápido, sino de sostener esa innovación en el mundo físico. La economía circular deja de ser un tema ambiental y se consolida como la infraestructura invisible que conecta tecnología, ciudad y crecimiento económico.
Por cierto:
1. OXÍGENO. Clara Brugada Molina alista para 2026 una serie de beneficios fiscales que incluyen la condonación del 100% de recargos y multas en predial, la regularización de viviendas de bajo valor catastral con un pago único de mil pesos, descuentos por pronto pago del predial del 8% en enero y 5% en febrero, y el aumento del tope del subsidio a la tenencia para exentar del impuesto a vehículos con valor de hasta 638 mil pesos si se registran antes del 31 de marzo; además, se mantendrá el pago fijo de 62 pesos en predial y el 50% de descuento en agua para jubilados, pensionados, madres solteras y personas con discapacidad, así como un esquema de regularización para negocios por 2 mil pesos, todo sin incremento en impuestos durante el año.
2. OJO. En el ajedrez político, las piezas rara vez se mueven solas. Finalmente, la diputada Liz Salgado reconoció que uno de sus colaboradores dio “seguimiento” al alcalde. Según su versión, no fue vigilancia, sino trabajo político. Pero en política, las palabras siempre pesan… y se interpretan. La pregunta no es qué hacía el colaborador, sino quién dio la orden y con qué intención.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta