
Pensar fuera de la caja burocrática es un libro coordinado por David Gómez-Álvarez y Cesar Rentería, editado por la Universidad de Guadalajara, el CUCEA, el CLAD, el CAF, el CIDE, Transversal y el Fondo de Cultura Económica y fue presentado en la librería Rosario Castellanos el jueves de esta semana. La obra es un conjunto de experiencias y reflexiones sobre los laboratorios de innovación pública como herramientas de cambio en las administraciones latinoamericanas.
Los participantes en este acto académico, por orden de intervención, fueron el subsecretario de desarrollo tecnológico, vinculación e innovación de la SECIHTI, Juan Luis de León, la investigadora emérita María del Carmen Pardo, la investigadora Gabriela Ramos y el subsecretario de buen gobierno de la SABG, Alejandro Encinas, quienes destacaron la insuficiencia de las estructuras jerarquizadas, el enfoque puramente tecnológico y el formalismo jurídico en la resolución de las complejas demandas sociales.
Todos los mencionados coincidieron en que la innovación, la transformación y el cambio en sí mismos no incorporan valor, pero también sostuvieron que sin innovación no hay posibilidad alguna de mejorar la acción gubernamental. Un dato destacable es que los laboratorios de innovación en Latinoamérica han tenido un crecimiento exponencial durante el siglo XX.
Todos criticaron los efectos de la nueva gerencia pública de los años noventa y la pretensión de sus defensores de convertir al ciudadano en cliente, así como la propuesta de incorporar los principios de la administración de las empresas mercantiles como estrategia de superación de la ineficacia e insuficiencia de los gobiernos por la crisis del Estado burocrático de finales de la centuria pasada.
Todos señalaron que la finalidad de las administraciones públicas es el bienestar de las personas, en lo individual y lo colectivo, y la generación de valor público. Además, que el Estado debe ser un espacio político, no sometido a las reglas del mercado, ni a la lógica de la eficiencia sin orientación social y debe ser el impulsor de futuros justos, equitativos y sostenibles. La crítica a la racionalidad o la técnica pura como ruta para la solución de problemas complejos fue el denominador común.
Sin embargo, el discurso de libro y los presentadores hunde sus raíces en el movimiento antiburocrático (¿puede existir una era post burocrática) y se apoya en autores Oszlak, Repetto, Subirats, Hilderbrand y Grindle, entre otros revisionistas de la teoría clásica de la Administración Pública, para demostrar, que no se pueden lograr resultados distintos haciendo lo mismo. La innovación de la gestión pública es necesaria, inaplazable, pero no toda innovación es pertinente, ni debe adoptarse simplemente por ser una forma diferente de actuar.
La complejidad social exige aparatos gubernamentales flexibles y descentralizados, no centralizados y jerarquizados. La estrategia para la atención de las demandas ciudadanas debe ser ágil y adaptable. En ese sentido, el propósito de los laboratorios de innovación es proponer soluciones a problemas públicos con un enfoque distinto, pero el mayor mérito es incluir problemas en la agenda gubernamental a partir de la investigación y la incorporación de visiones no provenientes de las estructuras administrativas. Eventualmente, las vías de acción o las reglas de operación que surjan de estos laboratorios pueden o no incorporarse a una política pública o a un programa gubernamental, pero lo trascendente es que ya hubo una reflexión sobre un tema, que en otras condiciones hubiera permanecido oculto y, por lo tanto, sin atención, ni presupuesto.
Los laboratorios de innovación modifican el ambiente rígido y jerarquizado propio de las burocracias públicas o privadas. La incapacidad organizacional de cambiar ante las nuevas circunstancias no es un fenómeno exclusivo de los gobiernos. El inmovilismo, el síndrome del caballo muerto, es compartido por tiros y troyanos, de tal manera que las administraciones públicas se deslegitiman y las empresas quiebran cuando no ven que sus rutinas son ociosas e improductivas. Las visiones que glorifican o satanizan a lo público o a lo privado apriorísticamente y sin crítica son defectos tanto de los defensores de la nueva gerencia pública como los estatistas. Ambas orientaciones han conducido a una mala o limitada atención de las demandas ciudadanas.
El gobierno mexicano 2024-2030 pretende recuperar el tiempo perdido en innovación administrativa en el último lustro. La participación ciudadana diferenciada de la movilización política; la relación intensa entre lo público y lo privado, en donde las fronteras se desdibujan; el uso de técnicas no ortodoxas en las burocracias; el reconocimiento de la autonomía de entes públicos no gubernamentales con esquemas claros y efectivos de coordinación; la apertura de espacios a laboratorios de innovación; la redignificación de la función púbica más allá del gobierno de las mayorías; la profesionalización de las estructuras de la gestión pública sobre la lealtad política o identidad ideológica y el ánimo incluyente son los elementos para poder pensar fuera de la caja burocrática.
Investigador del Instituto Mexicano de Estudios Estratégicos en Seguridad y Defensa Nacionales y del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores
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