
El 5 de febrero cumple años nuevamente nuestra Constitución mexicana. Es un momento oportuno para preguntarnos qué es una constitución, y darnos cuenta que se trata de una pregunta con múltiples respuestas.
En un sentido muy general, parece que una constitución es un conjunto de leyes. No es correcto, en tanto que las leyes son normas diversas de aquella, aunque desde luego sujetas a sus contenidos; más bien podríamos decir que es un conjunto de reglas jurídicas.
Pero decir que una constitución contiene reglas jurídicas es afirmar mucho y poco, a la vez; mucho porque implica asumir que tiene un carácter eminentemente jurídico, lo que implica que su contenido es exigible incluso ante los tribunales, y que obliga tanto a las autoridades como a los particulares.
Es decir, poco porque nada nos indica acerca del contenido de esas reglas.
Para otras personas, la constitución es eminentemente un producto histórico, que refleja en su contenido las luchas de un pueblo por definirse en lo político, así como fijar sus derechos. Así, sus cambios deben reflejar también el propio desarrollo histórico del pueblo que la originó.
Podemos encontrar entonces otro sentido, el que asume que la constitución, mas que un documento, es un conjunto de decisiones políticas que contienen el carácter de una nación, lo que condiciona a una lectura en clave política más que jurídica.
¿La constitución es, entonces, un “algo” jurídico o político?
No puedo ignorar otro sentido, la constitución como monumento histórico, que le otorga un sentido mas allá de su texto y la hace representar un hito en el devenir de un país. Así, se suele otorgar una especie de sabiduría superior a sus autoras/es, que les permitió definir el futuro desde el pasado.
Esto la vuelve, si no intocable, sí casi insustituible.
Otras miradas contemplan a la constitución como un espacio de acuerdo, entre diversas posturas contrarias. La idea de un pacto, no como un mito fundacional, sino como una realidad apreciable, que permite encontrar un punto de unión entre quienes parecen no tenerlo, que les permite definir reglas básicas y dejan su desarrollo a las leyes que serán producto de futuras (tal vez cambiantes) mayorías.
También se ha concebido a la constitución como una regla de distribución del poder entre diversos ámbitos (por ejemplo, en México lo federal, lo local, lo municipal y lo comunitario) o estructuras (los tradicionales poderes, así como los órganos autónomos).
En lo personal, creo que la constitución es un campo de batalla en un doble sentido: primero, para fijar su contenido, que determina qué tipo de Estado se construye, ya sea o no democrático, así como el establecer los derechos en un sentido general; segundo, para determinar quién será su último intérprete y guardián; tercero, para establecer cómo se va a realizar esa última interpretación.
¿Para ti, qué es una constitución?