Opinión

Corazón de mujer, fuerza de Estado

Presidenta Sheinbaum en Coahuila La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum adelantó que se conformarán diversos equipos de trabajo para atender problemática en Coahuila como: abasto de agua, empleo, campo, y en seis meses volverá a la entidad para verificar los avances

El 21 de febrero quedó grabado como una fecha luminosa para Saltillo y para todo Coahuila. En la capital del estado, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, encabezó un evento para atestiguar la colocación de la primera piedra del nuevo Hospital Regional de Especialidades del Instituto Mexicano del Seguro Social. Comenzaba a edificarse un anhelo social impulsado durante años por autoridades municipales, estatales y federales. En un estado con 3,146,771 habitantes, donde el 61% de la población de Saltillo es atendida por el IMSS, esta obra representa un parteaguas. Tendrá 560 camas y cobertura regional para la ciudad y su zona conurbada. Será construido por la Secretaría de la Defensa Nacional, con una inversión histórica de 6 mil mdp.

El nuevo hospital contará con 49 especialidades médicas. También dispondrá de máquinas y local de hemodiálisis, ocho espacios para quimioterapia, áreas de terapia respiratoria, consultorios, área integral de rehabilitación, terapia ocupacional y puesto de sangrado. El terreno fue donado por quien entonces era Presidente Municipal y hoy es Gobernador constitucional de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, gesto que anticipó este día histórico.

Durante la ceremonia, grupos afines a los distintos partidos políticos vociferaban apoyo a sus respectivos líderes mediante porras, en el marco de un acontecimiento en que tales muestras no deberían existir. En ese ambiente extremadamente ruidoso, mientras el director general del IMSS, Zoé Robledo, hacía uso de la palabra, un grupo de madres buscadoras de distintos colectivos, entre los que se encuentra FUNDEC, Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila, alzó la voz con fuerza inquebrantable. Algunas sostenían pancartas; otras gritaban sin cesar en busca de atención. En medio de ellas destacaba un mensaje que atravesaba el aire con una sencillez desgarradora: “De madre a madre, encuentre a nuestros hijos”.

La Presidenta alzó la mirada hacia aquel punto fijo. Sin previo aviso y rompiendo todo protocolo, se puso de pie. Descendió rápidamente del estrado con paso firme, mientras cientos de ojos seguían cada uno de sus movimientos. Caminó sola, sin personal de logística ni seguridad que la escoltara, en un gesto sin precedentes. Los gritos, que momentos antes llenaban el recinto, habían cesado. Recorrió el pasillo —unos cien metros— hasta acercarse casi al punto donde se encontraban las madres. Fue entonces cuando el Gobernador, que hasta ese momento permanecía distraído, se levantó apresuradamente para alcanzarla. Avanzaron apenas unos metros juntos.

Al llegar, la mandataria se colocó frente a las madres. Las miró a los ojos. Escuchó sus nombres, sus historias, el tiempo que llevan buscando, la ausencia interminable que les pesa cada día. Recibió el cartel entre sus manos, lo leyó con atención y conversó con ellas durante varios minutos. El gesto fue sereno, cercano, cargado de respeto. Allí, en medio del polvo de la obra y el calor del acto público, se abrió un espacio de diálogo directo. Se comprometió a atenderlas y a fortalecer el acompañamiento en la búsqueda de sus hijas e hijos. Las voces que antes gritaban encontraron escucha. Algunas lágrimas rodaron; hubo palabras quedas, apretones de manos, miradas que en medio del dolor se llenaban de esperanza.

Después, la Dra. Sheinbaum regresó al estrado y la ceremonia continuó en medio de gritos unánimes de ¡Presidenta! ¡Presidenta!

A lo largo de la historia pública, no se había visto que una mandataria rompiera el cerco del protocolo para acercarse, sin filtros ni intermediarios, al clamor directo de la gente. Esos momentos muestran carácter y empatía. Muestra que la autoridad puede ejercerse con firmeza y sensibilidad al mismo tiempo. Habla de valentía serena, de liderazgo que escucha y de un poder que entiende que gobernar también significa abrazar a quienes más lo necesitan, y no solo físicamente, sino en una espiritualidad compartida.

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