Opinión

@guerrerochipres

8M: poder femenino

Marcha del 8M en CDMX

La principal marcha para la constitución política de la sociedad inaugurada por el cambio de régimen, la del 8M, fue el espacio de apropiación pública de una enorme mayoría de mujeres entusiastas y pacíficas con el controvertido imán visual del traspaso de una valla frente a Catedral o la decena de fogatas y aislados intentos de saqueo de tiendas de conveniencia, lo cual, con todo, representa un número de incidentes equivalente a la cuarta parte de los registrados en el 2025.

Good news are no news, reza el vigente adagio del periodismo industrial de finales del siglo XIX aún vigente. Al mismo tiempo, encuentro una enorme novedad en la duplicación de la presencia infantil femenina en el recorrido realizado por más de 120 mil mujeres este domingo, donde transcurrió desde el Campo Marte hasta la principal plaza del país un cambio con capacidad de continuidad en el sacudimiento de un estatus quo todavía válido hace 7 años.

Pocos destrozos, salvo aquellos de las más intensas embozadas del bloque negro y sus adherencias del momento. Una marcha sin miedo. Con prudente despliegue policial gracias a la instrucción de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, seguida al pie de la letra por el secretario de Seguridad Ciudadana, Pablo Vázquez, y supervisada por el secretario de Gobierno, César Cravioto.

La marcha es termómetro social rumbo al Mundial de Futbol. Demostró una ciudad feminista donde la convivencia y la mutua aceptación, incluso la relativa tolerancia general de las 200 del bloque negro, así como sus siete células satelitales. Si Shakira contribuyó a evidenciar capacidad de seguridad ante la concentración inmensa, la marcha permitió mostrar la evolución en la gestión del riesgo de violencia.

En el Campo Marte fuimos testigos de una ruptura evolutiva. Escuchar al General Ricardo Trevilla, secretario de la Defensa Nacional, articular un discurso en lenguaje inclusivo frente a la Presidenta Claudia Sheinbaum y la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, es una estampa del cambio estructural en la cultura del Estado.

Oírle hablar de “compañeras y compañeros” y reconocer en Sheinbaum no solo a la jefa política, sino a la mujer que rompió el paradigma de la fuerza, marca un punto de no retorno en la cultura castrense mexicana.

Desde la capital del país se ven estampas que hablan de los pendientes en otras latitudes. La maestra Yadira Castillo viene desde Cuernavaca a su primera marcha. En un cartel lleva escrito “a mis alumnas les apagaron su luz”. El coraje por los feminicidios de Kimberly y Karol, las estudiantes de la Universidad Autónoma de Morelos halladas muertas esta semana que pasó, la motivó a salir a las calles.

El 8M —conmemorado por la ONU desde 1975— es un recuerdo de la lucha por el voto, mejores condiciones de trabajo o de quienes murieron encerradas en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York en 1911. Distinción vital para evitar la conversión de la efeméride en postal rosa de autocomplacencia institucional.

En la capital nacional, la consolidación del servicio SOS Mujeres *765, impulsado originalmente por Sheinbaum, ha transformado la atención de emergencia en una red de protección inmediata que vincula la llamada con el seguimiento jurídico y psicológico. Más de 242 mil mujeres apoyadas desde 2022 a través de esta línea y el 9-1-1.

Los preparativos para el Mundial, la confrontación de los arrebatos machistas del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la previsión para el coleteo del poder patriarcal delincuencial representado por los organismos delictivos de alta peligrosidad, nos tienen enseñanzas abundantes a la mano.

La principal de ellas es la apuesta por el presente y el futuro del país en una trayectoria de paz frente a toda provocación y exabrupto. De donde provengan.

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