Opinión

Credenciales falsas

Qué siga la democracia

Hay personajes que terminan convirtiéndose en el rostro de un movimiento. Aunque con el tiempo aseguren que ya no forman parte de él, la historia política difícilmente los separa de aquello que ayudaron a construir.

Eso ocurre con Gabriela Jiménez y Que Siga la Democracia.

La organización que nació para impulsar la revocación de mandato buscó dar el siguiente paso y convertirse en partido político nacional. Sin embargo, el Instituto Nacional Electoral le cerró la puerta, no por razones ideológicas, sino por las irregularidades encontradas durante el proceso de constitución.

Los consejeros documentaron inconsistencias que no son menores. Detectaron 92 afiliaciones con elementos simulados, de las cuales 77 fueron realizadas mediante la aplicación móvil y 15 a través del régimen de excepción. También encontraron credenciales para votar con elementos gráficos distintos a los originales, imágenes alteradas para simular la presencia de personas afiliadas y documentación apócrifa.

A ello se sumó un hallazgo igual de delicado: egresos no reportados por un millón 420 mil 782 pesos, equivalentes al 20.66 por ciento de los recursos ejercidos por la organización. Además, durante la discusión del Consejo General se dio cuenta de un informe de la Unidad de Inteligencia Financiera, que contenía elementos de análisis patrimonial, corporativo y operativo relacionados con dirigentes de la organización, por lo que el propio INE ordenó dar vista a las autoridades competentes para las investigaciones correspondientes.

No era, además, la primera vez que Que Siga la Democracia enfrentaba cuestionamientos. La organización arrastraba desde el proceso de revocación de mandato el antecedente de más de 14 mil formatos correspondientes a personas fallecidas, un episodio que marcó su historia pública y que inevitablemente volvió a aparecer en el debate sobre su registro.

Gabriela Jiménez ha sostenido públicamente que dejó la organización en 2023 y que ya no participó en el intento por obtener el registro como partido. Esa es su postura. Sin embargo, también es cierto que durante años fue la figura más visible de un movimiento que hoy enfrenta uno de los mayores reveses de su historia política.

La democracia exige partidos fuertes, pero también organizaciones que sean capaces de demostrar, desde su nacimiento, que respetan las reglas del juego democrático.

Porque el problema nunca ha sido el nombre del partido ni quién aparezca al frente. El problema es cuando las afiliaciones generan dudas, cuando los recursos no cuadran y cuando las autoridades electorales concluyen que las irregularidades son suficientes para negar un registro.

La democracia no se construye con discursos. Se construye con legalidad. Y esa, más que cualquier discurso, es la credencial que hoy no pudo acreditar Que Siga la Democracia.

Por cierto:

1. ¿Y si sí?

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

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