Opinión

Inteligencia artificial y elecciones

Gobierno plantea regular inteligencia artificial y bots para evitar manipulación electoral

En enero de 2024, dos días antes de una elección primaria en New Hampshire, Estados Unidos, miles de personas recibieron una llamada con la voz del presidente de ese país pidiéndoles no ir a votar. La voz había sido creada con inteligencia artificial. Unos meses antes, en Eslovaquia, circuló en redes sociales un audio en el que un candidato y una periodista supuestamente planeaban un fraude electoral. Ese diálogo nunca ocurrió. Apareció dos días antes de la votación, cuando la ley impedía a los medios discutir temas de campaña.

En pocos años, la inteligencia artificial (IA) pasó de los laboratorios a los teléfonos celulares. Hoy cualquier persona puede crear en minutos una imagen, un audio o un video que antes requería un equipo especializado.

Quienes desarrollan esta tecnología han comenzado a advertir sobre sus riesgos. Hablan de sistemas cada vez más capaces y difíciles de supervisar. Refieren que pueden prestarse para actividades de suplantación de identidad y manipulación de la opinión pública.

En materia electoral, una de las principales preocupaciones está en las noticias falsas, la desinformación y los deepfakes. La IA permite producir imágenes, audios y videos cada vez más difíciles de distinguir de contenidos auténticos, y esas herramientas pueden utilizarse para desprestigiar a una candidatura, atacar a una autoridad electoral o sembrar dudas sobre la confiabilidad de una elección, todo a partir de contenidos fabricados.

También pueden surgir otros usos durante las campañas electorales. Por ejemplo, simulaciones de encuestas o sondeos que busquen alterar la voluntad o la percepción de la gente. Por supuesto que la desinformación no empezó con esta tecnología, pero la facilidad y rapidez con la que hoy se puede crear y compartir contenido, obliga a poner más atención sobre sus posibles efectos.

En el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) no tenemos hasta ahora ningún foco rojo por el uso de inteligencia artificial en el Proceso Electoral Local 2026-2027. Eso no significa que podamos ignorar el tema. Tenemos que estar muy atentos a lo que suceda durante el proceso y a cualquier uso de estas herramientas que busque vulnerar las reglas de la competencia electoral.

Para atender estos casos contamos con procedimientos que ya funcionan. Si el uso de IA deriva en una posible infracción a la normativa electoral, cualquier persona, partido político o candidatura puede presentar una queja. Como autoridad, analizaremos los hechos, las pruebas y el contexto de cada caso.

Una queja puede llevar a aprobar medidas cautelares para detener temporalmente la difusión de un contenido mientras se resuelve el asunto. En redes sociales esto es fundamental, porque una publicación puede llegar a miles de personas en pocas horas. El análisis debe realizarse caso por caso. El uso de IA no convierte automáticamente un contenido en ilegal. Como autoridad electoral, debemos determinar si existe una conducta contraria a las reglas y actuar dentro de nuestras atribuciones, protegiendo también derechos como la libertad de expresión y el acceso a la información.

La prevención es fundamental. En el IECM impulsamos la educación cívica para que la ciudadanía tenga más herramientas frente a la desinformación, como el curso virtual para aprender a detectar noticias falsas. Una persona que verifica antes de compartir protege su voto y contribuye a una contienda más equitativa.

Ahora, estar preparados ante el uso que otros actores hagan de la IA durante la elección no implica incorporarla en la organización de los comicios. En este proceso electoral, el IECM impulsa diversas innovaciones tecnológicas, pero ninguna de ellas incluye inteligencia artificial de manera institucionalizada en sus procesos sustantivos.

La IA puede ser útil para sistematizar información, agilizar tareas o crear nuevas herramientas al servicio de la ciudadanía. Su eventual uso en la organización de elecciones deberá definir con claridad sus alcances, sus riesgos y los controles necesarios para cuidar la confianza que la sociedad deposita en sus instituciones electorales.

La IA continuará avanzando y lo hará más rápido que las leyes. Para las autoridades electorales, el reto será identificar oportunamente sus riesgos, atender las conductas que puedan vulnerar las reglas y ofrecer información confiable. A la ciudadanía le toca dudar de lo que parece demasiado escandaloso, verificar y compartir información con responsabilidad.

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