Opinión

La cancha que no se ve

Línea 2 del Metro

Mientras millones de personas tenían la mirada puesta en la cancha durante el Mundial, en la Ciudad de México se libraba otro partido: el de la movilidad, la infraestructura y la capacidad de respuesta del gobierno capitalino. La justa deportiva no sólo puso a prueba a la Selección Mexicana, también representó el primer gran examen para una ciudad que debía demostrar que podía mover, proteger y atender a millones de personas sin detener su funcionamiento.

En ese contexto cobra relevancia la modernización de la Línea 2 del Metro, una de las rutas más importantes del Sistema de Transporte Colectivo, por donde diariamente se trasladan más de un millón de personas. El Gobierno de la Ciudad de México destinó una inversión de 2 mil 200 millones de pesos, de los cuales mil 500 millones fueron aportados por el Gobierno de México. Lo interesante es que dos de cada tres pesos no se destinaron a lo que el usuario ve, sino al mantenimiento profundo de la infraestructura: vías, sistemas eléctricos, instalaciones hidráulicas y recuperación de trenes, con el objetivo de garantizar la operación del servicio durante las próximas décadas.

Los resultados comienzan a reflejarse en números. La recuperación de 34 trenes permitió incrementar en 21 por ciento las unidades en operación en la Línea 2, mientras que 782 millones de pesos fueron destinados a la renovación integral de sus 16 estaciones. Sólo en Bellas Artes, Hidalgo y Allende se instalaron mil luminarias nuevas, 202 cámaras de videovigilancia, nuevos torniquetes, escaleras eléctricas y se restauraron espacios que forman parte del patrimonio histórico de la ciudad.

Y esa inversión encontró su primera gran prueba durante el Mundial. Mientras miles de aficionados llegaban al Estadio Ciudad de México, otros tantos se desplazaban hacia el Zócalo, Paseo de la Reforma y decenas de puntos habilitados para seguir el partido entre México e Inglaterra. La movilidad de la capital debía responder sin margen de error.

Las cifras hablan por sí solas. Un millón 350 mil personas disfrutaron del encuentro en el Fan Fest del Zócalo y en los 56 puntos de transmisión instalados por el Gobierno capitalino, incluidos 30 espacios sobre Paseo de la Reforma. Para garantizar la seguridad se desplegaron más de 17 mil elementos de distintas corporaciones, mientras que personal de salud, protección civil y emergencias permaneció distribuido estratégicamente en el Estadio Ciudad de México, el Zócalo y el Ángel de la Independencia.

El operativo también dejó resultados concretos: fueron decomisadas más de 13 mil 133 latas de cerveza y 566 botellas por venta irregular en vía pública; 925 comerciantes informales fueron retirados de distintos puntos y nueve estacionamientos fueron suspendidos por incumplir la normatividad. En materia de atención médica, decenas de personas recibieron asistencia por padecimientos menores y sólo algunos casos requirieron traslado hospitalario.

En ocasiones las grandes inversiones públicas parecen invisibles porque ocurren debajo del piso, entre cables, vías, subestaciones o sistemas hidráulicos. Sin embargo, su verdadero valor aparece cuando la ciudad enfrenta momentos de máxima presión. El Mundial representó precisamente ese escenario: millones de personas en las calles, transporte funcionando, dispositivos de seguridad coordinados y servicios públicos operando prácticamente sin interrupciones.

Al final, los grandes eventos no sólo dejan imágenes de celebración o de tristeza deportiva. También dejan una evaluación sobre la capacidad de una ciudad para responder. Porque organizar un Mundial no consiste únicamente en recibir aficionados; implica demostrar que la infraestructura funciona, que la movilidad resiste y que las instituciones están preparadas para atender a millones de personas al mismo tiempo. Y esa, quizá, fue una de las victorias más importantes que dejó el torneo para la capital del país.

Vivo la noticia, para contarle la historia

@juanmapregunta

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