Sucedió en Saltillo, Coahuila, el pasado 18 de julio, fecha en que una desquiciada mujer, a saber porqué precisa razón, arrastró a su perro familiar desde la parte trasera de una lujosa camioneta para posteriormente pasarle las llantas por encima en más de una ocasión. A pruebas vistas no se trató de un incidente sino de un vil acto con premeditación, alevosía y ventaja que por tanto merece la mayor sanción penal posible dentro de lo que la legislación correspondiente lo permita. El hecho sucedió en un exclusivo fraccionamiento ubicado al norte de la ciudad referida y con testigos entre los residentes, dado lo cual se tiene perfectamente identificada a la “presunta” delincuente que deberá, sí o sí, ser vinculada a proceso, peor aún al haberse anunciado ayer el fallecimiento de ROCKY tras dura y dolorosa batalla por conservar su vida. Hay infodemia sobre el caso, así que para poderlo comentar con certeza tendré que esperar por la resolución proveniente de la Fiscalía respectiva. A propósito, este próximo 25 de julio se cumplirán 11 años de que el orangután JAMBI, parte de mi familia interespecie, murió a consecuencia de su negligente estancia en el Zoológico de Chapultepec-CdMx y nadie ha respondido por ello.

Y ahora, pasando al TEMA que me quemó el alma esta semana tan pronto despertar el pasado lunes, he de referirme -al igual que como ya cientos de personas lo hicieron con total libertad en las redes sociales- a la delincuencial intromisión de una bola de encapuchados que con amenazas de por medio, armamento en mano y equipo táctico para establecerse y proceder a la destrucción de las instalaciones, penetraron durante la madrugada del pasado lunes al predio que por derecho sigue ocupando el Refugio Franciscano, A. C., y que aún despojado abusiva e improcedentemente de sus más de mil perros y gatos por parte del Gobierno de Clara Brugada, ya resguardaba casi una docena de perritos más que con tal acción tuvieron un corto circuito y uno de ellos, ANITA, salió disparada con rumbo desconocido aunque GAD horas más tarde pudo ser recuperada por una de las amorosas cuidadoras directas de esas criaturas. Recuérdese al respecto, que fue el Juzgado Sexagésimo quien restituyó el predio a favor de la histórica organización protectora y que justo fue también el mismo gobierno capitalino, ese ventajoso y cruel que conocimos el 7 de enero, quien solicitó rehabilitar las instalaciones como condición para regresar a Los Franciscanitos que, según, fueron asegurados por la arrastrada fiscala Bertha Alcalde alegando maltrato, cuando han pasado 7 meses sin que lo haya podido acreditar a partir de que “la escena del crimen”, tal como lo he venido manifestando reiteradamente, fue alterada desde el minuto uno posterior a las programadas denuncias y antes del arribo de peritos en la materia y por tanto invalidándose cualquier procedimiento del tipo tras la violenta y tumultuosa entrada de gente de la Fundación Antonio Haghenbeck y de la Lama, IAP (FAH), propietarios, sí, del terreno, pero con esa parte violentada atada a un comodato del que se desentendieron para indebidamente proceder a la millonaria venta de toda el área con el pretexto de requerir recursos para continuar… ¡hágaseme el canijo favor con su cinismo!… con la obra y decisión testamentaria de su fundador Don Antonio, cuya preocupación principal… en-tién-da-se… era proteger a los animales mayormente desvalidos, motivación por la cual decidió destinar la mayor parte de su inmensa riqueza material y bienes patrimoniales a ese propósito. Si volviera a nacer seguramente se retorcería al conocer de lo que han sido capaces los patronos toooodos, que se entienda bien, de su Fundación y el gobierno mismo en sus áreas competentes, incluida la errática Junta de Asistencia Privada (JAP), por lo vi$to obediente sin reproche a la Jefatura de Gobierno en turno. Los vándalos, sépase, entraron por el predio vecino ocupado por la FAH y aunque a través de su asiduo comunicador haya tratado de desvirtuar la posibilidad de resultar responsables de la irrupción, resulta evidente que de alguna forma participaron por las muchas pruebas que incluyen hasta vehículos y personas que intervinieron en enero, de su parte, para llevarse a lomitos y michis. O sea, que casi no hay duda en que esa IAP actuó de forma criminal o… ¿quizás en contubernio con los nuevos propietarios? Incluso me atrevo a citar que lo decidieron aún en conocimiento de que ya había perritos en su interior, mismos que vivieron momentos aterradores tras la invasión de gente ruda, gritona y amenazadora que estaba destruyendo su primer hogar tranquilo y amoroso, provocándoles estrés y pánico. O séase, nuevamente produciendo víctimas de maltrato y agresiones cuando apenas estaban olvidado su reciente pasado. Imaginar particularmente a la perrita huyendo entre desechos y varillas taladra el sentimiento y quien mandó realizar esa operación seguramente no lo hizo por el valor del fierro, sino para dejar un claro mensaje a modo de la delincuencia organizada. Fue un ejercicio con claro dolo porque esas jaulas que alcanzaron a destruir eran prueba material de que el predio había sido rehabilitado conforme a las exigencias del gobierno y sin ellas… no habría regreso de Los Franciscanitos que ya por 7 meses siguen padeciendo secuestro en encierros improvisados, húmedos y fríos tanto en el Ajusco como en el Deportivo Hermanos Galeana y en las saturadas e inadecuadas instalaciones de la Brigada de Vigilancia Animal. Así que, habiendo sucedido los hechos como fueron videograbados y narrados por el buenazo de Javier Ortiz, historia del Refugio y víctima de retención por parte de los truhanes, Clara Brugada no pude ni debe desentenderse del asunto y menos tratarlo como un simple hecho vandálico producto de un “pleito entre particulares”, porque ya rebasó ese nivel marcando además dos claros delitos que le toca atender como autoridad garante: maltrato y riesgo de seres sintientes alojados poniéndolos en peligro de muerte y/o desaparición forzada, no importando el número que haya sido, además de la destrucción de la prueba fehaciente de que esas jaulas -levantadas por la sociedad con sus manos y aportaciones materiales y económicas- demostraban que el predio estaba rehabilitado y listo para recibir a Los Franciscanitos, puntos por lo que solicito directamente a la Jefa de Gobierno atenderlos también como posible daño en propiedad ajena con reparación inmediata, invasión a propiedad privada e intento de despojo, sin omitir la amenaza de muerte recibida por Valery Campillo, voluntaria eterna y asidua y primera respondiente en llegar al Refugio tras la alarma por su invasión, situación que bien pudiera recaer, por exagerado que parezca, en feminicidio en grado de tentativa, y lo demás que aplique como la posible oposición a la ejecución de un mandato judicial. Y ya de paso le exijo que regrese a los perritos y gatitos secuestrados o de otra forma se entenderá complicidad con la FAH, recordándole que el poder no es para siempre. De más alto los he visto caer y gacho.
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