Opinión

Ante un posible fiasco republicano en las legislativas de noviembre por la impopularidad de Trump, el presidente de EU afina la voz para su habitual cantaleta sobre elecciones manipuladas

Pavarotti en paranoia

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Elecciones intermedias en Estados Unidos Los republicanos enfrentan una debacle electoral ante la impopularidad récord del presidente Donald Trump

Al parecer no existe tribuna nacional o internacional que no quede perturbada con el tono y lo dicho por un mandatario cada vez más impopular dentro y fuera de su país, y que llevará al partido en el gobierno a enfrentarse a la realidad electoral a inicios del mes de noviembre entrante. Parece tratarse de una debacle anunciada a juzgar por la consistencia de los resultados de las encuestas en general, que muestran sistemáticamente el desplome de los niveles de su aprobación entre el electorado.

Como ya lo hemos discutido, se trata de las elecciones intermedias en las que la presidencia no está en juego, y sin embargo han adquirido la forma de un ejercicio referendario de su gestión presidencial. Paradójicamente, pero no por casualidad, le ha pedido a su electorado que salga a votar como si él estuviera en la boleta electoral, asumiendo que su llamado al núcleo duro de su base política (MAGA), le permitirá a los republicanos conservar el control del poder legislativo.

Como ello no ha sido suficiente, ha ofrecido cinco mil dólares a cada adulto si su partido retiene el congreso. Para supuestamente evitar el escándalo ya que ello es una práctica fraudulenta, se le ha manejado eufemísticamente como un dividendo electoral. También se han enarbolado las banderas del miedo ante la posibilidad de que ganen “los lunáticos de izquierda” del partido demócrata, advirtiendo al electorado que buscan llevar al país al infierno o convertirlo en una especie de Cuba o Venezuela. Todo un montaje esquizofrénico que aunque ridículo y mentiroso, busca convencer a todos los que se pueda para evitar la catástrofe electoral.

El espectáculo también ha sido aderezado en foros internacionales en relación con la impopular guerra que sostiene con la nación persa, a la que por tercera ocasión en siete meses de conflicto, la ha amenazado con la posibilidad de aniquilarla si así lo decide. Más de un especialista ha leído en esas palabras irreflexivas la posibilidad de recurrir a las armas nucleares. Descabellado y delirante por donde se le vea a pesar de ser un mandatario que ha gobernado de manera autoritaria y atemorizante.

No es poco lo que está en juego si se toma en cuenta que el legislativo ha sido comparsa -por su ausencia y connivencia- con un mandatario que ha gobernado fundamentalmente con base en decretos presidenciales -alrededor de 230, más de los 220 que firmó en los cuatro años de su primer mandato.

Como hemos anotado en colaboraciones anteriores se elegirán a los 435 miembros que integran la cámara de representantes, con mandato de 2 años, y un tercio de los 100 que conforman el senado, con mandato de 6 años (35 escaños, incluyendo los sitios vacíos que dejaron las personas concernidas para asumir los actuales cargos de vicepresidente y secretario de Estado), además de 39 gubernaturas, legislaturas estatales en 46 estados y otros cargos locales como alcaldes, fiscales, sheriffs y jueces, entre otros puestos de elección popular. De manera que un cambio electoral sustantivo podría significar no solamente poner cortapisas al estilo autoritario de gobernar del mandatario estadounidense sino hacerlo rendir cuentas y, probablemente, llevarlo al banquillo de los acusados por tercera ocasión por sus trampas, mentiras, corrupción y excesos en diversos frentes y expedientes.

Como se ve, el presidente ha buscado incesantemente controlar el proceso político conducente a esta elección de varias maneras, incluyendo la limitación del voto por correo bajo el argumento de que es una de las artimañas que utilizan los demócratas para hacer fraude electoral; su administración ha demandado a estados del país para obtener sus padrones electorales, e incluso su director del FBI ha sugerido la posibilidad de apostar agentes federales en los centros de votación para garantizar la seguridad electoral.

El disgusto es enorme. El índice de su aprobación es de 33% frente al 67% que lo desaprueba, el nivel más bajo durante sus dos presidencias; solamente 27% aprueba su manejo de la economía; 44% de los encuestados sostiene que su voto para el congreso será un mensaje de oposición al mandatario, frente al 19% que afirmó que su voto será un mensaje de apoyo. Su aprobación neta en política exterior, por ejemplo, es de -42 puntos, el nivel más bajo históricamente de un presidente en su país; entre votantes independientes es todavía peor con -57 puntos; específicamente en la guerra contra Irán es de -47 puntos, incluso por debajo de los -34 puntos de Bush en la guerra contra Irak en su momento. (CNN/SSRS 16-17sep2026).

El periodista Frank Bruni se ha referido al mandatario norteamericano como una especie de Pavarotti en paranoia. Sostiene que en su larga lista de quejas autocomplacientes, una melodía que ha resonado con más fuerza que ninguna otra es la de que las elecciones están manipuladas en contra del partido republicano y en especial en contra de él. Una melodía que entonó en contra de Hillary Clinton en 2016 ante la latente posibilidad de perder las presidenciales ante ella; en 2018 en contra de los demócratas ante el temor de que la pérdida de una de las cámaras legislativas significaría problemas para él -lo cual sucedió en la forma de dos impeachments. En 2020, la cantaleta le sirvió como la banda sonora amenazante de la violencia postelectoral del 6 de enero de 2021 en los comicios que perdió ante Biden. (“Trump´s most durable lie”, New York Times, 28septiembre2026, www.nytimes.com)

Esta intermedia no es la excepción en el repertorio musical.

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