Opinión

El (moreno) interregno de Gramsci

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AMLO López Obrador reaparece

En política, lo que parece evidente pocas veces resulta verdadero. Con frecuencia, en la búsqueda y el ejercicio del poder la realidad se oculta tras capas de mentira, traición, engaño, hipocresía y conveniencia. Por ello, no debe sorprendernos que en la política mexicana pocas veces coincidan lo que se dice, e incluso lo que se muestra, con lo que en verdad es. Lo anterior viene a cuento porque en los últimos meses – y de manera acelerada en las semanas más recientes – en el grupo en el poder no parece existir la menor armonía entre los dichos y las realidades. La actitud de un movimiento unido, sólido, homogéneo y monolítico da al traste con episodios aislados que cuando se unen muestran un escenario completamente distinto y distante de lo que se ha afirmado hasta el cansancio.

La exposición mediática de Andrés Manuel López Beltrán y Jorge Amilcar Olán Aparicio. De un lado, el hijo del ex presidente López Obrador que aspira a una diputación federal es exhibido al lado de su hermano y dos empresarios de primerísimo nivel en un restaurante cerrado solo para ellos y tomando un vino de más de 20 mil pesos. Del otro, el hallazgo periodístico en Suiza de Amilcar Olán, señalado como el principal operador financiero durante el sexenio pasado y pieza fundamental en la trama del huachicol fiscal. Ambos hechos no pueden entenderse como meras indiscreciones de amigos cercanos, sino, en todo caso, como filtraciones operadas desde los más altos niveles del poder.

La definición de candidaturas en estados como Chihuahua, Quintana Roo o Guerrero. Ni Andrea Chávez, Rafael Marín Mollinedo o Abelina López lograron hacerse con la candidatura a las gubernaturas de sus respectivos estados, lo mismo que otras importantes piezas del rompecabezas del obradorato, como Tatiana Clouthier o Geraldine Ponce. Pareciera que, encuestas aparte, la presidenta Claudia Sheinbaum tomó la determinación de hacer a un lado posibles compromisos con el grupo del ex presidente y decidió jugar con las y los suyos, reconfigurando eventualmente el tablero en las entidades federativas y mandando una señal clara: aquí mando yo y mis alianzas las defino a partir de mis intereses y estrategias.

Los mensajes cruzados desde Estados Unidos en los que se señala al grupo, pero no a la presidenta. Un día Marco Rubio señala que el gobierno mexicano no está haciendo lo necesario para terminar con la inseguridad y combatir el tráfico de fentanilo y la corrupción. Al día siguiente, Donald Trump declara que Claudia Sheinbaum es una magnífica mujer y que está desempeñando – ella, no necesariamente su gobierno, o cuando menos no todo – un magnífico papel. Pareciera que detrás de la narrativa norteamericana hay un juego maniqueo de señalar al pasado, cuidando no despostillar el presente. Mientras esto se hace desde el otro lado del Río Bravo y Rocha Moya y sus amigos están en la picota, el gobierno, la presidenta y su partido, dejan pasar las menciones sin reparar en las afrentas y dejando resbalar las alabanzas.

En la víspera de su segundo aniversario como presidenta, Sheinbaum es opacada por el ex presidente. El 30 de septiembre, con un tino poco casual y más bien totalmente intencional, López Obrador decidió anunciar el lanzamiento de su más reciente libro, “Pueblo”, con el que acaparó los reflectores justo en el cumpleaños número dos del llamado segundo piso de la transformación. Pensar que haberlo hecho 10 días antes o 15 después era imposible es de una ingenuidad absoluta. En política, el tiempo es lo que a la pintura es el color. Pareciera que detrás de 80 minutos de autoelogios no se encontraba una simple mecedora, sino mas bien una mano que se asoma como la que pretende seguir meciendo la cuna.

Como señalamos al inicio de nuestra colaboración, la política es y seguirá siendo el arte de engañar y ocultar la verdad con caretas y disfraces. Hoy, detrás de ese movimiento unido, sólido, homogéneo y monolítico se encuentra la disputa por el poder y la lucha por mostrar quién manda aquí. Ni la mentira ni las fracturas que ya asuman el muro de Morena deben asustarnos, pero tampoco pueden ignorarse como si no existieran y como si todo fuera amor y paz. En todo caso, resulta evidente que estamos frente a una renovación de grupos en el poder y el obradorato vive un ocaso que se niega a aceptar. Allí, cuando y donde la bestia agoniza, es el tiempo y el espacio del interregno al que Gramsci se refería cuando lo viejo empieza a morir y lo nuevo no termina de nacer. La crisis política ya está aquí.

Profesor de la UNAM

Twitter: @JoaquinNarro

Correo electrónico: joaquin.narro@gmail.com

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