
Durante años, la salud mental fue tratada como un asunto privado, casi doméstico, que debía resolverse dentro de la familia o en el consultorio de quien pudiera pagarlo. Esa visión ha comenzado a cambiar y la Ciudad de México intenta dar un paso adicional: reconocer el bienestar emocional como un derecho y convertir su atención en una responsabilidad permanente del Estado.
La propuesta anunciada por la jefa de Gobierno, Clara Brugada, parte de una experiencia concreta. A través del programa Vida Plena, Corazón Contento, 200 especialistas acudieron a más de mil escuelas y realizaron actividades para estudiantes, docentes, madres y padres de familia. El dato más relevante no está solamente en el volumen de personas atendidas, sino en la identificación oportuna de 147 casos de riesgo suicida.
Ahí se encuentra el verdadero sentido de la estrategia: llegar antes de la crisis. No esperar a que una adolescente o un joven llegue a una sala de urgencias, abandone la escuela o enfrente solo un episodio de ansiedad o depresión. Llevar psicólogos a los planteles permite detectar señales que, de otra manera, podrían pasar inadvertidas.
Elevar el bienestar emocional a rango constitucional puede darle estabilidad a esta política y evitar que dependa únicamente de la voluntad del gobierno en turno. Sin embargo, escribir un derecho no garantiza por sí mismo que éste se cumpla. Será necesario asegurar presupuesto suficiente, ampliar el número de especialistas y establecer rutas claras de atención para quienes requieran seguimiento clínico más allá de una primera intervención.
También resulta pertinente la transformación del antiguo IAPA en el Instituto para la Atención a la Salud Mental y las Adicciones. El cambio de nombre y atribuciones deberá traducirse en una mejor coordinación entre escuelas, centros de salud, familias y comunidades, no sólo en una modificación administrativa.
La propuesta del Gobierno capitalino apunta en la dirección correcta porque reconoce que el bienestar emocional forma parte de la salud pública. Ahora deberá demostrar que puede sostener el modelo, medir sus resultados y llevarlo a más escuelas. En salud mental, una atención temprana puede significar mucho más que una estadística: puede marcar la diferencia entre el silencio y la ayuda.
Por cierto:
1. PRIMICIA. El pasado 3 de junio, en esta columna titulada Nombramiento clave, adelantamos que Paulo Emilio García se perfilaba para encabezar Morena en la Ciudad de México. Después vinieron varias semanas de resistencias internas, durante las cuales Héctor Díaz-Polanco se aferró a una dirigencia que llevaba tiempo ausente de la conversación pública capitalina. Finalmente llegó el cambio de aires: el diputado local y vocero del grupo parlamentario será quien tome las riendas del partido. Paulo Emilio tendrá ahora el reto de devolverle voz, presencia y operación territorial a Morena rumbo a 2027, así como conciliar a los distintos grupos que conviven en su interior. En aquella columna dijimos que heredaría una estructura poderosa, aunque adormecida, y que su misión sería despertarla. Casi siete semanas después, el relevo se confirma. Aquí se lo dijimos antes que nadie.
2. GOLPETEO. Una investigación reveló que páginas disfrazadas de medios informativos habrían gastado alrededor de 22 mil pesos en publicidad para difundir ataques, memes, videos editados y declaraciones fuera de contexto contra la alcaldesa de Azcapotzalco, Nancy Núñez. Tan solo una de estas páginas habría destinado cerca de 17 mil 500 pesos para intentar desacreditar a la administración de Azcapotzalco. Ahora falta conocer quién está detrás de estas campañas y de dónde salen los recursos, porque hay políticos que prefieren gastar dinero en desprestigiar a sus adversarios, en lugar de invertirlo en propuestas capaces de convencer a la ciudadanía; cuando no hay proyecto, la guerra sucia parece convertirse en la única estrategia.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta