
Durante meses, quizá una de las mejores noticias para la oposición en la Ciudad de México no estuvo en sus propios partidos, sino dentro de Morena. Las diferencias internas, las aspiraciones adelantadas y los desencuentros entre grupos abrían una oportunidad que sus adversarios podían aprovechar sin hacer demasiado.
La apuesta era sencilla: esperar a que Morena se desgastara solo; a que las aspiraciones personales enfrentaran a quienes hoy gobiernan; a que las diferencias se convirtieran en fracturas y la disputa interna hiciera lo que electoralmente la oposición quizá no podría conseguir por sí misma.
Sin embargo, este fin de semana ocurrió algo que modifica ese cálculo político. La señal llegó desde el norte de la ciudad: Gustavo A. Madero decidió cerrar filas.
Diputados federales y locales, concejales, consejeros estatales y nacionales se reunieron alrededor de una definición que parece sencilla, pero que no lo es tanto: colocar la unidad por encima de las aspiraciones personales. Y la oposición debería tomar nota.
No ocurrió en cualquier alcaldía. Gustavo A. Madero es uno de los territorios electorales más grandes de la capital, con más de un millón de electores. Una demarcación históricamente estratégica para la izquierda y uno de los bastiones donde Morena conserva una enorme fortaleza política.
¿Qué sucede si Morena empieza a corregir sus divisiones? ¿Qué ocurre si comienza a construir acuerdos con anticipación y sus distintos grupos entienden que primero está la conservación del proyecto político y después las aspiraciones individuales?
Ahí cambia la ecuación.
Lo ocurrido no significa que hayan desaparecido las aspiraciones, que todos piensen igual o que ya no existan diferencias. Significa que decidieron administrarlas políticamente. Porque la verdadera prueba de cualquier movimiento no consiste en evitar que haya aspirantes, sino en impedir que sus ambiciones destruyan el proyecto que todos dicen representar.
En Gustavo A. Madero, gobernada por Janecarlo Lozano, parecen haberlo entendido a tiempo: primero la unidad y después las definiciones. Más adelante habrá espacio para nombres, posiciones y candidaturas.
Sería un error reducir lo sucedido a una asamblea o una fotografía más. El mensaje es claro: en uno de los territorios más importantes de la capital, Morena decidió que no quiere llegar dividido.
La oposición podía frotarse las manos mientras veía crecer las diferencias. Ahora quizá tenga que guardárselas en los bolsillos. Morena entendió que su principal riesgo estaba adentro y comenzó a corregirlo.
La pregunta ya no es qué hará la oposición con las divisiones de Morena, sino qué hará si Morena deja de dividirse.
Vivo la noticia, para contarle la historia
@juanmapregunta